LA SIGUIENTE INFORMACIÓN ES DE CARLOS A. SCOLARI, SOLO ES REFORZADORA DE LO QUE REVISAMOS EN LA PRIMERA PARTE DE LA SEGUNDA UNIDAD. SI LES INTERESA LÉANLA, SINO, NO SE PREOCUPEN. PUEDEN COMENTARLA COMO AGREGAR UNA PARTICIPACIÓN MÁS A SU NIVEL DE CALIFICACIÓN.
La información. El libro. 17 Sábado sep 2011. En Hipermediaciones ~ Conversaciones sobre la comunicación digital interactiva. En la siguiente Liga: modernclicks.ne
Posted by Carlos A. Scolari in General, Libros ≈ 1 comentario
Como todos saben, fue Claude Shannon el que le dio forma a la teoría de la información en un texto del 1948. Pero Shannon era el producto emergente de una red científica que incluía al padre del hipertexto (Vannevar Bush) y decenas de matemáticos y físicos de la talla de Alan Turing y Norbert Wiener. Lo que nació como una teoría dentro de un campo muy específico -la transmisión de señales- se convirtió en la base epistemológica desde la cual se han rediseñado campos enteros. Según Gleick “hasta la biología se ha convertido en una ciencia de la información, una cuestión de mensajes, instrucciones y código” (8).
Aquí y allá Gleick coquetea con la ecología de los medios, sobre todo cuando recupera a Walter Ong y Marshall McLuhan al abordar la transición de la oralidad a la escritura. Esta tecnología permitió archivar la información y conservarla para las futuras generaciones. El alfabeto optimizó aún más esta formidable herramienta de comunicación: “el alfabeto se difundió por contagio. Esta nueva tecnología era al mismo tiempo el virus y el vector de transmisión. No podía ser monopolizada, ni tampoco suprimida” (34). La matemática y los primeros algoritmos (entendidos como instrucciones) fueron la consecuencia de la consolidación de la escritura en tanto modelo cognitivo.
La expansión del tren y del telégrafo no hicieron más que potenciar una visión de la sociedad interconectada, donde la información circulaba por vías metálicas y cables eléctricos. Ya a mediados del siglo XIX se veía a esta red como “el sistema nervioso de Gran Bretaña” (126). El binomio tren de vapor-telégrafo motivó un sentimiento de cambio y de conquista tecnológica del futuro similar al que generó la web en los años 1990. En esta parte del libro Gleick nos deleita con la historia de los telégrafos ópticos en la Francia de Napoleón, casi medio siglo antes de Morse y su sistema electromecánico de comunicación.
El autor no deja de recordarnos que el telégrafo fue una forma comunicación basada en el sistema binario (puntos/rayas), y nos regala jugosas declaraciones, como aquella que anunciaba la “muerte de la prensa” por la llegada de esta nueva forma de comunicación. Nada nuevo bajo el sol. El telégrafo fue una tecnología que introdujo grandes cambios en ámbito militar y económico; muchas profesiones -como el periodismo- y sistemas – la navegación marítima- se vieron profundamente afectadas por el telégrafo. En el caso de la prensa, “la relación entre el telégrafo y la prensa era simbiótica” (146). Algunas prácticas informativas hoy totalmente naturalizadas -como el “pronóstico del tiempo”- fueron posibles gracias al telégrafo. El telégrafo “aniquilaba el tiempo y el espacio” (148), generaba un lenguaje sintético -que hoy renace en forma de SMS y tweets- y ponía en discusión los límites de la privacidad.
Llegamos al siglo XX. El telégrafo, la telefonía y la radio modificaron la forma de comprender el mundo. Una nueva generación de científicos -Bush, Shannon, Turing, Von Neumann y muchos otros- comenzaron a llevar hasta sus últimas consecuencias la nueva lógica de la información. Conceptos como pattern, redundancia, ruido, emisor, receptor, código, señal, entropía, etc. le sirvieron a Shannon para dar forma a un teoría que permitiera medir y comprender “eso”, la información. Su artículo “A Mathematical Theory of Communication” (PDF) marcaría un antes y un después en la ciencia del siglo XX. Había nacido el “informational turn” (233).
Wiener introduciría el concepto de feedback y sistema, llevando los modelos teóricos un paso más allá. Era la hora de la cibernética. Conceptos como “entropía” estaban al centro del debate: lo que para Shannon era incerteza, para Wiener era desorden. Y el horizonte se perfilaban otras keyword que darían que hablar: complejidad, caos, disipación, termodinámica. Como dije al principio, la teoría de Shannon se expandió por todos los ámbitos científicos. En la biología sirvió para comprender los fundamentos genéticos de la evolución. El gen pasaba a ser considerado como la mínima unidad de información, y las mutaciones pasaban a ser “ruido” en la transmisión de datos biológicos.
El libro se acerca de esta manera a su final después de un impresionante tour de force que abarca toda la historia de la humanidad. Sin embargo, ahí mismo, en la última curva, el libro derrapa y me deja un par de interrogantes que quiero compartir con los lectores de este blog: ¿es posible escribir un libro de más de 500 páginas sobre “the information” y no dedicarle un par de ellas al “page-rank” de Google? ¿Podemos trazar un mapa de esta envergadura sin analizar de manera más o menos profunda los trabajos de Albert Lázló-Barabási sobre las redes complejas y los fenómenos emergentes? En “The Information” se habla un poco de Google pero al page-rank ni se lo menciona, y a Barabasi apenas se lo cita de pasada. Dos piezas que faltan, de manera incomprensible, en un mosaico impresionante que recomiendo a todos los interesados en la materia prima de nuestra era digital: la información.

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